29 de enero

La dulzura

"Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad."

— Mateo 5:5

Dios de dulzura,

El mundo me invita a menudo a la dureza, a la competición agresiva, a imponer mi voluntad por la fuerza. Me dicen que la dulzura es debilidad, que solo los fuertes sobreviven.

Pero sé que Tú nos llamas a la dulzura. No a la blandura que abdica, sino a esa fuerza tranquila que no necesita violencia para afirmarse. La dulzura que desarma, que apacigua, que abre los corazones.

Enséñame esta dulzura en mis palabras, mis gestos, mis reacciones. Que pueda ser firme en mis convicciones sin ser agresivo, decir la verdad sin herir, mantener mis límites sin brutalidad.

Amén.

Reflexión

La dulzura es una fuerza, no una debilidad. Hoy, ¿dónde podrías responder con dulzura donde la agresividad sería tentadora?

Por los que sufren de la dureza del mundo y por los que son tentados por la violencia.